Después de colocarse en todas las listas de lo mejor del año con el último trabajo de Antònia Font, Joan Miquel Oliver vuelve a demostrar su curiosidad creativa con un disco en el que se lo guisa y se lo come solito en casa.

En un mundo tan desconcertante, saber instintivamente en qué momento está el café sin necesidad de oir la cafetera es algo que tranquiliza. Puede que el universo ande algo revuelto, pero puedes aferrarte a los automatismos domésticos. Eso sí, mejor no te pares a analizarlos. Más que proyectos en solitario, lo de Joan Miquel Oliver son proyectos domésticos. En “Odissea Trenta Mil” (Blau/Discmedi, 2003), firmado como Drogueria Esperança y en el que contó con la colaboración de Magisteri Teatre, ya se dedicó a sublimar nuestra fascinación por lo insondable a partir de las cosas más inmediatas, desde un inventario de los objectos de su antigua casa a acciones tan cotidianas como tender la ropa. Como un niño que a fuerza de repetir la palabra “retrovisor” acaba por estropearla de tanto tocarla y deja de tener sentido: en “Surfistes en Càmera Lenta” (Blau/Discmedi, 2005) Joan Miquel se divierte jugando con maquinitas y botes de Airwick Fresh Aqua, tocando el piano y el violín sin saber, ilustrando el libreto, cantando con la voz de los que no tienen voz para cantar y dándole otra vuelta de tuerca a su poética de lo cotidiano. Al fin y al cabo, las cosas que hacemos y vemos cada día son las más raras. Como componer canciones. Algo que él considera un oficio cualquiera: “El frutero de mi barrio sí que es un artista. Tiene la fruta perfecta, te la pone él, te la escoje bien, pero nunca saldrá en la portada de ninguna revista. Como la música es un misterio para la mayoría de la gente hay muchos fantasmas. La gente que no ha estudiado música no sabe ni cómo se hace un acorde, imáginate cómo se hace un disco. Pero un buen músico no es mejor que un buen frutero”. Joan Miquel Oliver le quita hierro al asunto, pero tanto con Antònia Font como en sus proyectos solitarios ha conseguido darle forma a uno de los cancioneros más interesantes y particulares de la canción en catalán de nuestros días. Patxanga de autor o algo así. Después de la unanimidad de la crítica en torno a “Taxi” (Blau/Dismedi, 2004), este “Surfistes en Càmera Lenta” muestra a un Oliver más juguetón y más pop, algo infantil, quizás debido a su condición de padre. “La vida del artista está en plena contradicción con la vida familiar”.
“El disco es un “monstruario”, en el sentido de monstruo y de muestra. Lo primero que hice del disco fué los títulos. Tenía claro que quería hacer una canción que se llamara “Emerson Fitipaldi”, otra que se llamara “La Mujer que Mordió un Piano”, otra que se llamara “Pallasso”. Es el disco más premeditado que he hecho, más que “Taxi”. Éste también es un disco narrativo”. Su manera de hacer las cosas implica sencillez, pero llega a ella después de la elipsis de mirar con sorpresa las cosas más mundanas. Y por el camino nos deja pequeños monumentos a la fascinación cotidiana, remedios para un mundo de cada vez más sonado, desconcertante y desconcertado.

(Article per Mondo Sonoro que no va aparèixer íntegrament)


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