En un mundo perfecto canciones como “New Hairdo” sonarían a todas horas en la radio. “Lounge Lights” (Stereo Records, 2005), segundo disco de Glycerine, consigue lo que la banda siempre ha querido y su anterior “Trying to Smile” sólo consiguió a medias: recrear la efectividad de ese rock atemporal y eterno que sonaba de fondo en las radios de su juventud. Cuando el mundo era algo más perfecto, o menos imperfecto que ahora.
Respecto a su anterior disco, “Lounge Lights” es completamente inmediato. Si “Trying to Smile” te daba demasiada información como para no acabar pillándoles las tretas, éste es un disco con un metraje razonable en que cada canción juega su papel. “El primero fue un disco muy pensado. Habíamos tocado las canciones durante mucho tiempo y era muy largo. Éste es un disco más espontáneo”. El que habla es Gabriel Ramis, bajista del grupo. “La palabra es espontáneo. A pesar de que sea un disco mucho más trabajado y producido, con más instrumentos, las canciones de “Trying…” eran más complejas y densas, a pesar de tener una producción más austera”, añade Lluis Segura, batería y voz. Parece como si con su segundo disco hubieran querido demostrar que tenían la lección bien aprendida: doce temas directos, más concretos, que muestran a una banda que ha aprendido a rentabilizar sus recursos. Empieza desbordando (“Megaphone Song” es probablemente lo más furioso que han grabado) y acaba convenciendo gracias a algunos de los temas más completos que hayan compuesto (“Mr. Square”, “Tomorrow’s Tune” o “& Fall Apart” son obra de una banda que acaricia la madurez con la yema de los dedos). Entremedio, algunos cortes marca de la casa como “Emilie”, “It’s Not Enough” o “New Hairdo” que muestran a unos Glycerine inspirados y con la intuición melódica de su primer trabajo depurada por la experiencia. Un señor disco, vamos.
Glycerine consiguen la inmediatez que perseguían en la época en que publicaron su “Trying to Smile”, aunque antes tenían que deshacerse del exceso de equipaje. “Son canciones cortas, directas, sin ninguna pretensión”, explica Lluis. “La única pretensión puede estar en la producción, aunque no sea un disco sobrecargado. Esta vez nos pusimos totalmente en las manos de Toni Noguera. Hemos probado muchas cosas en el estudio. En el anterior grabamos muy rápido y casi no metió mano, pero en éste ha aportado mucho más”. Noguera ha conseguido que cada canción tenga una entidad propia, algo a lo que ha contribuido también el trabajo de la voz de Lluis y del resto de la banda -pequeños detalles, un puente aquí, una escala allá. “Se ha grabado muy rápido, si cuentas el tiempo efectivo, entre una cosa y otra ha pasado casi un año”, añade Gabi. “Entramos y grabamos la base y luego se dejó la grabación. Volvimos tiempo después y añadimos más guitarras, más voces, lo matizamos. El parón nos fue bien y ha hecho que el disco suene más fresco”.
Con este nuevo álbum, ya van dos los publicados por Lluis Segura en pocos meses, después de su debut en solitario con L.A (también autoeditado, a través del sello hermano de Stereo Records, Dreamville). Curisoamente es Gabi quien contesta: “Lo de L.A. nos ha servido para poder trabajar más los tres, improvisando en el local de ensayo. Al tener un proyecto en solitario en el que dar salida a sus canciones, casi todos los temas han salido del trabajo entre todos”. Lluis continúa: “Glycerine somos tres. Aunque las melodías sean mías, muchas veces parten de una linea de bajo de Gabi o de algo que hace Rafa en el local”.
Con “Lounge Lights”, Glycerine dan un tiro certero al corazón y un paso firme. Muestran a un grupo que ha sabido buscarse a si mismo y encontrarse, entregando una colección ajustada y brillante de rock sin más. De ése que le gusta a cualquiera pero que sólo unos pocos pueden hacer.
(Article per Mondo Sonoro Balears)