A veces, y solo a veces, cuanto más personal y honesto más universal. Cuanto más te encierras en tu propia hagiografía, más fácil es que cualquier ser humano pueda entenderte. Antony ha conseguido convertir la angustiosa búsqueda de su identidad sexual en una melancólica obra que ha encandilado a un público tan diverso como amplio, incluyendo a la prensa especializada y a artistas como Lou Reed o Laurie Anderson. En un par de meses se ha convertido en el secreto que todos reclamábamos como propio pero que todos conocíamos. “I’m a Bird Now” (Jagjaguwar, 2005) es de esos discos que se supone que te tienen que gustar, ya seas un yuppie con pretensiones o fan de Muse. “Es muy sorprendente. Ir de país en país, de Cicely al norte de Alemania y ver el tipo de gente tan diversa que viene a los conciertos, gente de diferentes edades y diferentes estractos, ver como esa gente encuentra una manera de relacionarse a través de mi música. Me resulta bastante curioso, no sé cómo ha pasado”. Lejos de la inquietante imagen andrógina de sus fotos promocionales, el chicarrón de casi dos metros conocido solo por su nombre de pila responde a las preguntas con una dulzura y humildad sorprendentes. En parte, Antony ha conseguido algo que también consiguieron el Lou Reed post-Velvet, Laurie Anderson o su adorado Boy George: proyectar una imagen que en parte es una extensión de su música, pero que en realidad no es más que otra contramedida para esconder al Antony persona detrás del Antony artista.
Desde la reedición de su primer disco, grabado hace cinco años y publicado originalmente por Durtro, por parte de su actual sello Jagjaguwar (una de las joyas de la independencia americana), su nombre ha ido de boca en boca hasta convertirlo en ese tipo de artista omnipresente que algunos ya situan en el eje de la historia. Y lo más sorprendente, es que su música puede ser criticada, adorada o ignorada, pero cualquiera debería admitir que si es algo es personal: resulta difícil encontrarle parentescos y no admitir que su sonido va más allá de lo terreno. “Creo que la gente en estos tiempos está muy hambrienta, tienen ganas de encontrar un reflejo de su espíritu o sus sentimientos en la música. El mundo se ha convertido en un lugar muy impersonal y la gente reacciona buscando algo que sea muy personal, que refleje sus emociones”. Y en su caso las emociones salen a la superficie a través de una voz que parece salir de un tiempo muy lejano, casi de otro mundo, una mezcla de lamento de blues de pre-guerra y flagelación sofisticada. “He cantado toda mi vida y mi proceso como cantante fue muy natural, como el de cualquiera. Cuando cantas durante mucho tiempo, simplemente evoluciona lentamente. Para mí lo que define realmente una voz es cómo se relaciona emocionalmente con tu historia, la forma en que consigues conectar tu voz a tu manera de sentir la vida”. Su voz es la auténtica protagonista de “I’m a Bird Now”, un disco que suena monumental y magnánimo a cada compás, hasta el punto de poder llegar a sonar cargante, a pesar de ser un trabajo de detalles sutiles, en el que, otra vez junto a The Johnsons, ha conseguido encontrar el equilibrio entre emoción, letras, voz e instrumentación. “En realidad, sigo trabajando en ello. Hemos estado mucho tiempo en los arreglos, tomando decisiones, pequeñas decisiones para econtrar ese equilibrio entre todos los elementos”. Algo que también parece afectar la esencia misma de su música, que a pesar de ese omnipresente sentimiento de perdida y de que nunca llegaremos a ser lo que realmente deberíamos ser y que quien debería querernos nos quiera, encuentra pequeños refugios para la esperanza.
“En los últimos meses todo ha ido muy rápido, una pequeña locura. ¿Si va a tener influencia en mi música? No lo sé… No sé cómo va a afectar, pero supongo que realmente no va a cambiar mi manera de componer. Soy bastante cabezota. Siempre hago las cosas a mi manera, aunque no sea la manera más rápida, siempre mantengo mi idea de como quiero hacer las cosas sin importar lo que nadie diga”. Habla de hacer un disco con coral, gente dando palmadas, algo que ver con África, se ríe. Horas más tarde, en el Claustre de Santo Domingo de Pollença, en un patio repleto de gente deseosa de vivir en primera persona el estremecimiento de su música, yuppies con pretensiones, fans de Muse, viejos y jóvenes y cuarentones y cínicos esperando algún tipo de revelación, Antony and The Johnsons confirmaron lo que todos sabíamos pero guardamos como nuestro pequeño secreto: él ya es un pájaro, uno de los que te hace soñar en poder volar.

(Article per D-P)


Subscribe to comments Comment | Trackback |
Post Tags:

Browse Timeline


Add a Comment


XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>



© Copyright 2007 badtiming // blog personal de Joan Cabot . Thanks for visiting!