La música de The Redsuns podría sonar a fruto de la coyuntura. Pero lo suyo tiene más sustancia: Diego y Felip son dos viejos conocidos del ecosistema indie local que, cosas del destino, han terminado encontrándose para facturar una música tan solvente y pegadiza como intensa y oscura. Una muesca más en la culata de Primeros Pasitos.
El primer disco de The Redsuns suena a tierra prometida: equidistantes entre el ala americana (Television, Dinosaur Jr.) y la británica (My Bloody Valentine, The Jesus and Mary Chain, Slowdive y sobretodo Ride), han conseguido encontrar una pequeña intersección poco transitada manteniendo el equilíbrio entre el rock clásico y la derivación ensoñadora. En más de un momento parecen tentados por el shoegazing, pero de repente levantan los ojos del suelo para resolver la coyuntura de la manera más simple. Al final queda el riff firme, una línea de bajo gruesa y unos temas más definidos y concretos de lo que uno podría esperar de una banda con sus referencias.
Felip (ex-The Low Threeshold, Enter y Pau Munar) y Diego (ex-Honey Lamstrumpf) cenan flanqueados por Josep (ex-Doctor Martín Clavo) y Llorenç (ex-Waterfall y Ice) antes de su concierto en Inca. “En el momento en que nos pusimos a tocar nos dimos cuenta de que, a pesar de nuestras coincidencias, nuestra manera de tocar era muy distinta”, explica Diego. “Comprendimos que si los dos tocábamos de la misma manera el grupo sonaría demasiado descontrolado, así que de alguna manera hemos ido hacia ese sonido”. Un sonido orgánico, añejo, que podría recordar las producciones de Gordon Raphael, contrapesado por una tendencia al feedback blanco y contenido. “Es curioso, porque mi manera de componer es más británica y la de Felip más americana, pero mi forma de tocar es más americana y la suya más británica”. Aunque quizás el secreto esté más en la manera de grabar y arreglar el disco que en la manera de componer y tocar. “Lo grabamos en muy poco tiempo, en el estudio de Toni Noguera. Realmente fue bastante arriesgado porque solo llevábamos un mes y medio ensayando con Kike y Joan Toni“, miembros de Doctor Martín Clavo y Satellites, respectivamente, encargados de tocar bajo y batería en el disco. Felip sigue: “En total, se grabó y masterizó en cuatro días y una tarde. Llevábamos mucho tiempo ensayando las canciones y teníamos muy claro cómo tenían que ser los arreglos”. Diego concluye: “Es un disco cerebral, pero a la vez muy rockero”. Como casi todo en The Redsuns, el secreto está en navegar entre dos aguas. Algo que se ve claro cuando se escucha el disco, con dos tipos de temas muy definidos: los de guitarras y carburante (”No More Barcelona”, “Let the Karaoke Boys Sing”, “Motorcycle”) y las baladas líquidas con crescendo sónico (”Dormouse in a Teapot”, “Heart Wins Over Lost Trains”). “Lo curioso es que los dos aportamos los dos tipos de temas, tanto los más rockeros como los más etéreos. Hay canciones suyas con riffs míos, canciones mías que canta él. El sonido de The Redsuns sale de ése diálogo constante entre dos maneras de hacer las cosas”, comenta Diego.
Casi sin pretenderlo, The Redsuns se encontraron con una discográfica dispuesta a editar su disco y sin banda. Con Josep y Llorenç ya en la banda han empezado a tocar en la isla -un primer concierto teloneando a Satellites y tres en el mes de Febrero, para ir calentando- mientras se ultiman los detalles de su debut. Un disco de los de antes: diez temas con las cartas boca arriba que, puestos a reivindicar y escinificar eso del eterno retorno nietzschiano, bien podrían encajar en el rescate del rock de guitarras que vivimos últimamente. Por ahora, “The Redsuns” (Primeros Pasitos, 2005) se gana la nominación a debut del año -rivalidando con los vecinos de página- y rescata viejas sensaciones para los añoradizos fans del indie: esa que tenemos cuando nos damos cuenta de que el rock todavía sigue siendo algo excitante.
(Article publicat a l’edició local de Mondo Sonoro)
Entre ejercicios de piromanía y atmosferas planeadoras, el debut homónimo de The Redsuns es un diamante en bruto en el que los mallorquines se patean en escasos treinta minutos el legado de My Bloody Valentine, The Jesus and Mary Chain, Ride, Slowdive y Dinosaur Jr. Diego Águila lo tiene claro a la hora de comparar a su nueva banda con Honey Lampstrumpf, su anterior proyecto y uno de los grupos que formaron el eco estatal al noise rock británico. “Ahora toco de manera más agresiva y vital. No creo que haya muchas cosas de Honey en The Redsuns”, dice. Aunque sí comparten la fijación por una época en el rock en la que confluyeron las viejas y las nuevas formas dando lugar a algunos de sus mejores momentos al rock de los noventa.
The Redsuns se formaron no hace aún dos años, cuando Diego y Felip Munar se conocieron. Para la grabación de su disco de debut tuvieron que tirar de amigos para completar la formación y contaron con Joan Toni, batería de Satellites, y Kike Pérez, bajista de Doctor Martín Clavo. “El disco se grabó, mezcló y masterizó en cuatro días en formato analógico en los estudios de Toni Noguera. Si había algún error repetíamos toda la toma. Además, damos mucha importancia a los pedales y al equipo que usamos y creo que eso se nota al escuchar el disco”. Un trabajo que suena con cuerpo y que acaba de publicar Primeros Pasitos junto al debut de The Magnetic Band.
Quizás sea pronto para hacer conjeturas, pero “The Redsuns” suena a diamante en bruto, y como los diamantes, está hecho a fuego lento. “Estamos orgullosos del disco. Transmite mucha energía y refleja el sonido del grupo en directo. El grupo aún es joven pero creo que la fórmula está clara y ahora se trata de ir probando elementos y ver si conseguimos que todo salte por los aires”. Cortes como “No More BCN”, “Summer Crisis”, “Russian Trip” o “Let The Karaoke Boys Sing” son la cara incendiaria, el riff firme y el olor a pistón quemado. En “Heart Wins Over Lost Trains”, “Dormouse in a Teapot” y “Red Sun” casi les gana la mano la tentación shoegazer. Casi como para haber echo cara A y cara B con dos caras diferentes pero que aguantan más que bien las temperaturas al límite: “Es algo que nos planteamos cuando ordenábamos las canciones, pero en formato CD no tenía mucho sentido. Creo que tenemos dos extremos y que entre ellos se mueven nuestras canciones. En las canciones de riff encontrarás también sonidos atmosféricos y en los temas planeadores están tocados con más actitud. No nos miramos mucho los pies”.
(Article publicat a l’edició nacional de Mondo Sonoro)