Can Picafort está muy lejos, pero…
Acabo de llegar del concierto de The Redsuns y The Linn Youki Project. Felip me invitó a pinchar después del concierto y la verdad es que me apetecía ver a los dos grupos.
A pesar de ser solamente dos, batería y bajo, The Linn Youki Project me encantaron… Me recordaron a los Fugazi de ‘Instrument’, esa banda capaz de escupirte el anfetamínico hueso de la canción, apenas la base rítmica, pero noquearte por su energía. A ratos sonaban a Tortoise -sin guitarras, claro- a ratos a Black Sabbath -en esos casos parecía que sí había guitarras. Más que post-rock, post-hardcore. Las proyecciones eran chulísimas, aunque estaban detrás del público y nadie les hizo mucho caso.
The Redsuns por su parte van ganando empaque, aunque le sigue fallando algo esencial: las voces. Felip sacrifica la entonación por una rabia necesaria pero contraproducente. Con esos riffs de guitarra sólo puedes desgañitarte o morir en el intento, pero el problema es que él no anda muy sobrado y si te fijas un poco en la voz notas que algo no anda del todo bien. Diego estaba la mar de contento con su guitarra de doce cuerdas, metiéndole distorsión a tutiplén y disfrutando como un niño. Hay pocas bandas que consigan un sonido de guitarras tan cuidado y furioso a la vez. Con sus canciones nuevas me dio por pensar que si afinaran una octava más bajo serían una banda de stoner. Enfin, pienso muchas cosas, la mayoría de ellas tonteridas impías. Y más si tengo todo el viaje de vuelta desde Can Picafort para pensar, solito en el coche escuchando el ‘Beauty and the Beat’ de Edan. Mi disco del año. Uno de ellos. Uno de tantos.