Durante mucho tiempo ha sido la mejor herramienta del mundo: siempre iba bien y grababa lo que se suponía que debía grabar. Incluso en un bar lleno de gente, ruido, camareros cargados con platos… Parecía saber a quién debía escuchar y me ha acompañado durante algunos de los momentos más importantes de mi vida profesional.
Ayer simplemente dejó de funcionar. Pilas nuevas, ni para adelante ni para atrás. Nada. Muerte. Silencio. Off total.
Mi grabadora era la mejor. Aunque eso es fácil decirlo ahora que está muerta. Quizás debería habérselo dicho más a menudo. Hay tantas cosas que ya nunca podremos hablar… La echaré de menos.
(Hasta que me compre una digital, claro)