Artículo publicado en la revista D-p del mes de Junio.

“La Máquina del Tiempo” debe de ser el secreto mejor guardado del hip hop nacional. Álbum seminal de la producción instrumental, conceptual y ambicioso, es uno de esos trabajos que esperan la llegada de alguien que los reivindique (de la misma manera que Biyi reivindicaba en él a una larga lista de oscuros músicos y productores a los que el tiempo no ha hecho justicia). Un disco importante que abría para la -en esos momentos- incipiente escena del hip hop un abanico de posibilidades que sólo grupos como los sevillanos Hippaly parecían haber entrevisto. Seis años después, una de las obras más impactantes y atrevidas de la música nacional de los noventa sigue siendo pieza de culto para unos pocos, y algo totalmente desconocido para la gran mayoría.

Los que aún recuerdan su nombre llevan tiempo preguntándose para cuándo el nuevo disco de Biyi: “El segundo disco debía llamarse “Sonorama”, pero por desacuerdos con la discográfica y cosas del destino nunca vio la luz. Pero a pesar de no haber sacado el disco he estado trabajando”. Por ejemplo con La Opp, banda en la que militó hasta “Chanelance”, o colaborando con el proyecto Malinche, o con esporádicas apariciones en directo junto a Pedro Trotz y Arcade. Una pequeña muestra de su trabajo reciente fue “Roboticón”, tema incluido en el recopilatorio de celebración del 20 Aniversario de Pasatiempos. Pero hay más, mucho más.

Lo primero que salta a la vista de todo su material sin editar es la variedad de estilos, y la capacidad de Biyi para no sólo asumir las reglas del reggae, el dub, el jungle o el electro, sino también reescribirlas. “Nunca he abandonado el hip hop, pero no quiero quedarme encerrado en un solo estilo. Me gusta experimentar con los sonidos, y me da igual del tipo que sean mientras tengan feeling y entren dentro de mis principios musicales. Si algún día sale el próximo disco de Biyi será seguramente una mezcla de música étnica, jazz, funk, hip hop, electro y música electrónica”. Diversidad de inputs, que combina con diversidad de outputs: sin renunciar al ordenador, la sonoridad de los nuevos temas de Biyi ha evolucionado hacía lo analógico. “La eterna pregunta sobre el analógico y el digital… Para mí los dos son válidos, y no me importa utilizar uno u otro mientras el resultado sea el que busco. De hecho, en muchos temas los mezclo y utilizo instrumentos como didjeridoos, flautas, percusión, theremines, sintetizadores antiguos y hasta lo último en tecnología VSTi (instrumentos virtuales). Todo vale. No me impongo normas”. De hecho, además de músico versátil, es un coleccionista de cacharritos, afición que le ha llevado a rescatar aparatejos de la basura y a convertirse en distribuidor de theremines y, dentro de poco, de Intonarumori (instrumentos inventados por el pintor Luigi Russolo, autor del manifiesto ruidista L’arte dei rumori, uno de los textos fundacionales del futurismo musical). “Mi afición a los cacharritos es de siempre, pero ahora tengo la oportunidad de poderlos desarrollar y es muy divertido. De los que tengo, no sabría decir cuál me gusta más. Cada uno tiene sus posibilidades, pero si tuviera que quedarme con alguno sería con el theremin o un Speak & Spell tuneado”.
Con los años, Biyi se parece cada vez más a uno de esos doctores del sonido que fueron los verdaderos impulsores de la música electrónica hasta la segunda mitad del siglo XX (sólo le falta la bata blanca y la barba). Apartado de todo, reservado y poco dado a practicar ese deporte tan nuestro que es figurar, ha tenido tiempo para pulir y afinar un oído con clase. Aunque últimamente parece haber vuelto al ruedo y tener ganas de… algo. “Sí, es así. Ya ha pasado tiempo desde el disco, hemos madurado, pero las ganas son las mismas. Lo que pasa es que ahora tengo más posibilidades a la hora de hacer directos y sesiones roñatrónicas”. Así que, si son ustedes buenos y la suerte les sonríe, quizás se crucen con él en algún escenario dándole a los ruiditos, o alguien se decida de una puñetera vez a editar la continuación de “La Máquina del Tiempo”. O quizás no. Quizás no pasará nada y Biyi seguirá siendo el secreto más bien guardado de nuestra electrónica, una delicatessen para amigos y allegados, añadiendo al placer de escuchar su música el tonto orgullo de saber que eres un privilegiado.


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