Siempre me ha fascinado la historia del Brill Building, el edificio de oficinas situado en el 1619 de la calle Broadway en Nueva York y que durante muchos años fue la mayor fábrica de canciones del mundo. Además de la leyenda de Don Kirshner, otra de esas personas que, sin ser músico, han tenido una influencia incalculable en la historia de la música pop, lo que más me atrae del Brill Building es su funcionamiento.

Se trataba de un edificio de oficinas, pero sus trabajadores eran compositores, algunos de los más talentosos de su tiempo, que iban allí cada día como un currante cualquiera, fichaban y se encerraban en un pequeño cubículo a componer. Puede que parezca poco inspirador, pero de allí salieron algunas de las mejores canciones de todos los tiempos: “Be My Baby”, “You’ve Lost That Lovely Feeling”, “Yakety Yak”, “The Loco-Motion”, “River Deep, Mountain High”, “The Look of Love”, “Da Doo Ron Ron”, “Chapel Of Love”, “Do Wah Diddy Diddy”, “Stand By Me”, “On Broadway”, “Sweets for My Sweet”, “Don’t Be Cruel”, “Viva Las Vegas”, “Great Balls of Fire”, “Walk On By”… La lista es interminable, porque algunos de los compositores que trabajaban allí llegaron a componer hasta quinientas canciones.

La lista de artistas que compraban allí -Phil Spector y Elvis, por ejemplo- es tan impresionante como la de los que trabajaban en el edificio, una dictadura del terror según muchos, debido a la afición de Kirshner por enfrentar a sus compositores. Estos solían trabajar en pareja, compositos y letrista. Algunos como Jerry Lieber y Mike Stoller, Burt Bacharach y Hal David o Carole King consiguieron el reconocimiento personal. Otros, algunos de ellos máquinas de hacer hits, no son tan conocidos, como Barry Mann y Cynthia Weil, Mort Shuman y Doc Pomus o Ellie Greenwich y Jeff Barry

Cuenta la leyenda que en su época de esplendor, un cantante podía entrar por la puerta del Brill Building, comprar una canción, arreglarla, grabarla y firmar un contrato con una discográfica sin salir del edificio. Algunos compradores, como en el caso de Spector, incluso incluían su nombre en los créditos, otros eliminaban el de los compositores originales, que en ocasiones firmaban con pseudónimo. Pero lo que más me fascina de todo ello es lo extraño que parece ahora tratar la música de una manera tan funcional, fabricar canciones pop como quien vende seguros: ir a trabajar con un horario, entrar, sentarte en un cubículo sin insonorización y con apenas espacio para el piano y ponerte a escribir algunas de las melodías más bellas de todos los tiempos. Y lo divertido es seguir un poco la estela de los compositores y darte cuenta de que un mismo equipo, cuando encontraba algo que funcionaba, seguía tirando del hilo, casi plagiándose a si mismos…

Por supuesto aún existen mercenarios como ellos, gente como Timbaland, Rich Harrison o Scott Storch que viven de fabricar un hit tras otro, pero dudo que sus condiciones de trabajo sean tan duras.


Subscribe to comments Comment | Trackback |
Post Tags:

Browse Timeline


Comments ( 1 Comment )

Em pareix molt interessant aquesta història, en especial el treball dels compositors que feien feina a l’ombra, component peces per a gent que despres feia el negoci. Em recorda a les fàbriques de calçat a Thailandia.
Segur que lis deien als compositors: “Just do it”.

Oliva trencada added these pithy words on oct. 13 07 at 17:57

Add a Comment


XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>



© Copyright 2007 badtiming // blog personal de Joan Cabot . Thanks for visiting!