Artículo publicado también en la revista D-p, en el mismo número que la de Biyi. Se trata de una serie de artículos sobre artistas que yo defino como “satélites”: dos cuerpos que giran alrededor de la misma cosa y cuya trayectoria coincide de tanto en tanto, pero no siempre. Para el número de Agosto en principio aparecerán los artículos sobre Kiko Navarro y Pepe Link, además de otro de MissJess -viva el reggaetón!

“Ya lo avisaban De La Soul: “Everybody wants to be a dj…”. La popularización de la música electrónica, la divinización de la figura del pinchadiscos y las nuevas herramientas tecnológicas han dado lugar a una generación de productores de dormitorio, diseñadores gráficos y dj’s vocacionales. Si en el impasse entre los 70 y los 80 todo el mundo tenía una banda de punk, a principios del nuevo milenio quien más quien menos hace sus pinitos para convertirse en el nuevo gurú de la modernidad. La democratización tecnológica ha favorecido la participación activa de cualquiera que esté dispuesto a aplicarse un poco y tenga algo que decir (y, por desgracia, de un montón de gente que no aporta más que sus ganas de ser “algo”). La mayoría nos hemos ido subiendo al carro, antes o después. Pero hasta cuando lo hicieron los más veteranos, al menos en Mallorca, Pedro Trotz ya estaba allí.
Pere Amengual es veterano entre los veteranos. Alguien que a principios de los ochenta ya se dejaba seducir por la electrónica, entendida como lenguaje musical autónomo y no como un simple recurso para el pop. “De pequeño tenía facilidad para soldar circuitos electrónicos y fabricarme pequeñas herramientas que hacía sonar: alarmas, amplificadores… Posteriormente, la aparición del primer cuatro pistas Portastudio propició mis primeras grabaciones, y cuando llegó el boom de la música electrónica era una de las pocas personas de la isla que sabían programar un sintetizador, un sampler o una mesa de mezclas digital”. Al principio fue el circuito, después se hizo el ruido: “Comencé en el 83 con un sintetizador monofónico que, debido a que era completamente analógico, me obligó a aprender los fundamentos de la programación de sonidos antes que las normas básicas de solfeo o armonía”. Comienza tocando en La Búsqueda, como teclista, aunque no tardará en abandonar la formación: “Acababa de leer los manifiestos futuristas de los años 20, ‘La Deshumanización del Arte’ de Ortega y Gasset, y conocí a otras personas que también encontraban placer estético en lo que yo siempre había considerado una incomprendida forma de arte: el ruido electrónico”. Tenía dieciséis años. 1986. Mallorca. No había mucha gente que viera en Kraftwerk a los gurús del futuro, se interesara por la música concreta y grabara sus propias demos con ruidos electrónicos que redes de aficionados repartidos por todo el territorio estatal iban intercambiando. La antítesis del trovador neoromántico.
Desde mediados de los ochenta, Pedro Trotz (sobrenombre basado en un personaje de Phillip K. Dick) ha tenido que esperar a tiempos mejores para ser reconocido: durante mucho tiempo la electrónica fue el enemigo, hasta que los noventa impusieron nuevos cánones. Pero la suya nunca ha sido una música cómoda, desde sus primeras grabaciones, cercanas a la música industrial, a flirteos con cualquier nuevo sonido que haya dado la electrónica durante los últimos quince años. “Siempre he intentado que mi música no fuese la repetición de una fórmula. Lo que más me gusta es hacer pruebas y aprender constantemente. Cuando domino una técnica, pasa a segundo plano, a formar parte de mi ‘background’”. Una actitud que lo ha mantenido atento y lo ha convertido en un personaje de referencia en cuanto la pequeña familia electrónica isleña ha ido creciendo. Trotz ha ejercido de profesor para muchos de los proyectos que en los últimos años han empezado a dibujar una escena de músicos electrónicos, además de ser uno de los miembros fundadores del colectivo Tecnofamilia y de su brazo armado Roñatrón, haber formado parte del sello Antivirus, colaborado en diversos medios y producido para los sellos Esuoh y Underphone. En su faceta más técnica, ha trabajado como productor para NeoTokyo, se ha especializado en ‘mastering’ (La Puta Opp, Solution, El Charolito Romaní…) y en componer música por encargo, aunque todo ese trabajo parece haberse desarrollado a la sombra. “Soy muy perfeccionista, y si un tema no está a la altura de la música que escucho no lo doy por bueno. Me lo paso mejor grabando que buscando discográfica”.
Su último proyecto es la construcción de su nuevo estudio, Ubik (Phillip K. Dick, otra vez), “en un espacio totalmente urbano, bien comunicado. Para diseñarlo y construirlo hemos utilizado las últimas teorías y técnicas en acústica, aunque mi idea es que no sólo sea un espacio de grabación sino también un escuela de técnicas de producción y un pequeño museo de instrumentos electrónicos analógicos restaurados”. El paso lógico en la carrera de un músico para el que las teorías científicas del sonido forman parte indisoluble de su concepción del hecho artístico.
Trotz también es un comentarista de excepción: tiene criterio y capacidad para teorizar. Así que no está de más preguntarle por una escena electrónica que a veces parece más interesada en copiar la personalidad del mastodóntico rock’n’roll que el punk y el DIY (las dos corrientes que encajan en la tradición electrónica más intelectual) parecía que habían borrado del mapa. ¿Hemos tocado techo? “Lo que pasa es que vivimos en una sociedad sobre-informada. Este exceso de información hace que, contradictoriamente, sea más difícil encontrar lo que buscas en medio de tanta basura. A veces lo he pensado, pero esta sensación dura sólo un par de meses. Luego descubres cosas nuevas y te das cuenta de que las fronteras de la creación electrónica siguen expandiéndose. El principal problema es que la música de baile –que no es, ni mucho menos, toda la música electrónica- ha llegado a ser una repetición de clichés y a veces parece una caricatura de lo que fue durante los ochenta, en los que fue realmente transgresora”. Habrá que seguir rascando. Y mientras esperamos a que el futuro nos alcance, podemos seguir discutiendo sobre el significado de los finales nunca vistos de “Blade Runner”, el transhumanismo y los cyborgs, imaginando un mañana mejor en el que entendamos al fin que el ruido puede ser música, o que la música es sólo ruido”.

Joan Cabot


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