
De todas la reediciones que han caído en el saco últimamente -junto a Enter The Vaselines- la de One Foot in the Grave ha sido la que más minutos de diversión me ha procurado. No tanto por el álbum original en sí, que también, sino por los extras, tantas canciones como incluía la edición original.
De entrada, me siento mucho más ligado al weirdo que al Beck actual, el cienciólogo, la estrella que lleva, diría, diez años sin entregar un disco realmente relevante -Midnite Vultures al menos revelaba el inicio de la decadencia y tenía un par de momentos memorables. En One Foot in the Grave Beck es el tipo ese con pinta de tocar a la puerta de un McDonalds que luego escuchamos cantar eso de ‘I’m a loser baby, so why don’t you kill me?‘ y que recogió los restos que quedaban de una generación enganchada a los perdedores piojosos y los transportó alegremente a través de Odelay directos a la posmodernidad.
Grabado antes de la edición de Mellow Gold pero publicado por K Records tiempo después, One Foot in the Grave cuenta además con Calvin Johnson. El disco se grabó en sus Dub Narcotic Studio, que por aquel entonces era el nombre con el que bautizó su sótano. Johnson es un verdadero héroe, líder de los inimitables The Beat Happening y uno de los personajes más influyentes en la escena independiente americana. Y Beck canta como si Calvin y él hubieran leído los mismos manuales de filosofía, entregando sus canciones con la misma sublime pereza.
De los extras, destaca la acomplejada ‘Mattress’, ‘Teenage Wastebasket’ me parece un himno que pide a gritos un homenaje justiciero y las rimas tontas de ‘Your Love is Weird’ me parecen simplemente arrebatadoras: I feel the strain / I use a cane / To walk the lane / Of wonderful pain / Cause your love is weird…
Ahora que esos años en que Beck era el Rey del Mundo nos parecen tan lejanos, vale la pena recuperarlo en su forma original. Faltan tipos como él a las puertas del Mercadona…