badtiming

blog personal de Joan Cabot

Archive for the ‘Santitos’ Category

Libba Cotten o otra buena razón para empezar a escuchar blues

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Nunca me ha atraído el blues, más bien le tengo cierta manía: todos esos músicos sin talento que se dedican a copiar escalas sin pizca de gracia y a tocar standards en plan virtuoso… Pero en los últimos meses he estado escuchando a un par de artistas que están haciendo que, poco a poco, vaya cambiando de opinión.

Después de releer Night Train de Greil Marcus me dió por escuchar a Robert Johnson, aunque fuera por simple obligación profesional, y acabé enganchado a su alarido blasfemo. Ahora no puedo parar de escuchar a Elizabeth Cotten. Si Johnson vendió su alma al diablo para que le enseñara a tocar el blues, Cotten es un ángel.

O una niña de 60 años. Libba nació en 1895 en Carboro y aprendió a tocar sin tener ningún tipo de educación musical. Además era zurda. Como no sabía afinar ni nada de eso, aprendió a tocar con un banjo y con las cuerdas al revés, para un diestro, y su estilo es tan peculiar que hasta tiene nombre: Cotten picking.

La historia es bonita: Elizabeth Cotten trabaja en la casa de los padres de Pete Seeger, una familia de cantantes de folk como hay muchas otras en América. Había dejado de tocar la guitarra, excepto ocasionalmente en la iglesia, pero rodeada otra vez de músicos cogió de nuevo el instrumento y a recordar todo lo que sabía. Mike Seeger fue el que empezó a grabar todas aquellas canciones con un equipo rudimentario y el responsable de que el talento sin par de Cotten fuera al fin reconocido.

Algunas de las canciones grabadas por Eli Cotten son tonadas infantiles, escritas por ella misma cuando apenas tenía 11 años, un espíritu que inunda todas y cada una de sus composiciones. En muchos sentidos representa lo mejor de la música en su pura esencia. Canta y toca como una niña, puro instinto y amor, y el resultado es entrañable y fascinante. Y cada vez que escucho su manera de tocar pienso, precisamente, en Badtiming, el disco de Jim O’Rourke que da título a este blog.

Written by joan

març 3rd, 2008 at 6:05 pm

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Funky Mule, R.I.P.

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Ayer murió Ike Turner, otro de esos personajes no siempre bien considerados. Además de un drogadicto y un maltratador, el ex-marido de Tina fue un auténtico currante del rhythm & blues, uno de los pioneros del rock’n'roll y un músico influyente, innovador y salvaje en todos los sentidos. Se casó catorce veces, estuvo en prisión unas cuantas, la cagó a más no poder y se ganó a pulso la fama de monstruo que le ha perseguido durante toda la vida, pero el cabroncete era un puto figura. Hoy es un buen día para volver a escuchar Funky Mule

PD- Otra cosa: se suele decir que Ike nunca hubiera sido la estrella que llegó a ser sin Tina, pero lo mismo podría funcionar casi a la inversa. Ike era el motor de los tremendos directos que convirtieron a Tina en el pura sangre más espectacular de su tiempo…

Written by joan

desembre 13th, 2007 at 9:24 am

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Amy y las mujeres chungas

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Sé que algunos se escandalizarán por lo que voy a decir, pero que Amy Winehouse sea una yonqui desequilibrada y pendenciera hace que su música sea… mejor. Los fans de lo políticamente correcto me dirán que el supuesto glamour de las drogas ha hecho mucho daño ya -especialmente en los ochenta, que banalizar ciertos comportamientos no hace más que favorecerlos y que Amy Winehouse acabará muy probablemente muerta a sus veintipocos años. Y tendrán razón. Todo eso es cierto, pero eso no tiene nada que ver con mi afirmación inicial. Amy Winehouse va camino de una muerte prematura, pero desde el prisma de la cultura pop esa sería la guinda al pastel, porque los fans del pop no consumimos sólo música, también consumimos leyenda. Y Amy Winehouse tiene una.

Hablamos de una mujer que ha hecho uno de los mejores discos de R&B de los últimos años, una cantante con una voz provilegiada y que ha sabido apropiarse de la estela de Aretha Franklin, Martha Reeves, Ronnie Spector, Billie Holliday, Dusty Springfield y Nina Simone. Hablamos de una mujer que se pasa la mitad del día colgada, que fuma puros y juega al póker en los camerinos, se lía a arañazos con su marido, con el que mantiene la clásica relación honey bunny, se mete por la tocha sobre el escenario con un dosificador y, encima, canta sobre todo ello.

Las primeras canciones de Back To Black son todo eso. En Rehab responde a su familia que de desintoxicación ni hablar y en I’m No Good asume por completo su rol de chica mala. Esta última canción es todavía más genial en la versión que hizo Ghostface Killah para More Fish. Teniendo en cuenta que Ghostface tiene una pequeña obsesión con las mujeres que se pulen sus targetas en champagne y joyas -escuchen Back Like That de Fishscale, la réplica de Amy es todavía mejor: ya te lo avisé, churri, ahora te jodes.

Back To Black es un gran disco. Mark Ronson y Salaam Remi se salen en la producción y Winehouse eleva su música hasta un nuevo nivel. Canciones como Tears Dry on Their Own son simple y absolutamente irresistibles, un nuevo clásico del soul que no desentonaría junto a Baby Love, My Baby Just Cares for Me o Respect.

Siempre me han gustado más Blur que Oasis, pero a diferencia de los hermanos Gallagher, Damon Albarn es aburrido. Lo único mínimamente legendario que hizo fue acostarse con la cantante de Elastica, algo que los Gallagher superaban un lunes cualquiera, si es que no estaban poniendo hoteles patas arriba o peleándose entre ellos. Blur siempre fueron mejores que Oasis, pero Oasis, además de haber hecho dos de los mejores discos de pop de los noventa, eran unos hooligans del norte incapaces de asumir la fama. Albarn había nacido para ser una estrella. Cuando Blur se hicieron famosos, Albarn simplemente estaba donde siempre debería haber estado.

Albarn es un rollo. En cualquier conversación de sobremesa no ocuparía más de diez segundos. Los Gallagher son divertidos. Aunque no te guste su música -algo que, después de Morning Glory, es la regla entre la gente que tiene más de medio cerebro- debes admitir que los tíos son geniales y que la simple existencia de dos tipos como Liam y Noel dentro del mundo del pop desafía toda lógica, precisamente porque son dos personas de lo más normal.

Por eso Oasis le ganó la partida siempre a Blur, a pesar de que los discos de Blur son infinitamente mejores -excepto por un disco de Oasis, e incluso tienen mejores singles. Por eso Amy me parece la artista mainstream más rematadamente divertida de los últimos diez años. Beyoncé me encanta, pero que no haya aparecido todavía un vídeo porno con Jay-Z me desespera. Rihanna está muy bien, pero hasta que no la detengan con una pipa de crack y un arma de gran calibre tipo UZI, Amy gana la partida.

Winehouse no sólo está loca. Canta desde esa locura, habla de ella con naturalidad y crea a su alrededor una leyenda que dota a sus canciones de una mayor verdad. El personaje encaja incluso con la tradición que sigue: muchas de las cantantes que te vienen a la cabeza cuando escuchas su voz también vivieron así, entre la heroína, las relaciones autodestructivas, el alcohol y las partidas de póker. El único rival que podría tener Amy Winehouse es Paris Hilton, en el supuesto de que ésta hiciera un disco realmente relevante. ¿Britney? Britney es una redneck chunga sin un ápice de glamour -aunque su caída en desgracia ha sido uno de los happenings mediáticos más divertidos de los últimos años y lo de raparse la cabeza fue un giro argumental digno de Perdidos. Y algo parecido le pasa a Pete Doherty, que sin embargo consiguió que Kate Moss nos pusiera todavía más chotos.

En fin, que Amy Winehouse mola.

Written by joan

novembre 25th, 2007 at 12:29 pm

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Santitos: Stevie

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Ayer volví a Stevie. Hacía tiempo que no lo escuchaba. No fue un álbum, sino un recopilatorio de grandes éxitos y me puso de buen rollo para todo el día. Imposible resistirse. Stevie es amor. Es el amor que echamos de menos: el amor inocente y pletórico del ciego, todo vitalidad.

Durante toda su vida fue un niño-genio, incluso cuando ya había cumplido los cuarenta. A los doce años fichó para Motown y allí desarrolló toda su carrera, convirtiéndose en uno de los mayores fenómenos del soul de todos los tiempos. Una anécdota, en el primer grupo que tuvo en la Motown le acompañaba en la batería un tal Marvin Gaye. Antes de cumplir los veinte años ya había coescrito una de mis canciones favoritas: Tears of a Clown. Smokey Robinson & The Miracles tuvieron tanto éxito que Robinson decidió que no necesitaba a The Miracles.

En los setenta, un Stevie Wonder en estado de gracia redefinió el soul moderno junto a otros artistas de la casa. Entre 1970 y 1979 publicó Signed Sealed and Delivered, Music Of My Mind, Talking Book, Innervisions, Fulfillingness’ First Finale, Songs In the Key of Life y The Secret Life of Plants. Probablemente Talking Book sea su mejor álbum y si me aprietan uno de los mejores de todos los tiempos.

Su genio musical era algo desbordante: no sólo era su manera de componer, era su manera de instrumentar, arreglar, producir, cómo sonaba su banda, tan pletórica como su voz. Durante su época dorada de los setenta, revolucionó el soul con una musicalidad sublime y entregó canciones descomunales, algunas de las mejores firmadas a medias con su madre, como es el caso de I Don’t Know Why.

Digan lo que digan, en los ochenta no cayó en picado, aunque sí patinó en más de una ocasión. De hecho, fue algo generalizado entre los artistas de la Motown, que intentando adaptarse a los nuevos tiempos se arrimaron a un sonido pastoso, cursi y bastante hortera. Quizás Lionel Richie fue el único que fue capaz de darle cierta chispa al invento. Marvin y Stevie no. Para entonces ya eran juguetes rotos. Marvin por las drogas. Stevie porque tenía demasiada pasta para estar en lo que estaba y tras tantos años de carrera la inspiración se había tomado unas vacaciones y ya sólo iba a las sesiones de tanto en tanto. Fue su época descaradamente comercial y del sólo he llamado para decir I love you.

En High Fidelity hay una broma al respecto. Barry se pregunta si hay perdón posible para un gran artista que cayó tan bajo y puede que para muchos no lo haya. Lo curioso de Stevie, como de otros artistas tipo Lionel Richie, es que casi todo el mundo recuerda sus peores momentos. El si bebes no conduzcas, las horteradas. Son casi un chiste y es una lástima porque realmente se trata de verdaderos monstruos de la música popular.

Más abajo os dejo una selección de grandes momentos: Read the rest of this entry »

Written by joan

octubre 23rd, 2007 at 12:58 pm

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El edificio Brill

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Siempre me ha fascinado la historia del Brill Building, el edificio de oficinas situado en el 1619 de la calle Broadway en Nueva York y que durante muchos años fue la mayor fábrica de canciones del mundo. Además de la leyenda de Don Kirshner, otra de esas personas que, sin ser músico, han tenido una influencia incalculable en la historia de la música pop, lo que más me atrae del Brill Building es su funcionamiento.

Se trataba de un edificio de oficinas, pero sus trabajadores eran compositores, algunos de los más talentosos de su tiempo, que iban allí cada día como un currante cualquiera, fichaban y se encerraban en un pequeño cubículo a componer. Puede que parezca poco inspirador, pero de allí salieron algunas de las mejores canciones de todos los tiempos: “Be My Baby”, “You’ve Lost That Lovely Feeling”, “Yakety Yak”, “The Loco-Motion”, “River Deep, Mountain High”, “The Look of Love”, “Da Doo Ron Ron”, “Chapel Of Love”, “Do Wah Diddy Diddy”, “Stand By Me”, “On Broadway”, “Sweets for My Sweet”, “Don’t Be Cruel”, “Viva Las Vegas”, “Great Balls of Fire”, “Walk On By”… La lista es interminable, porque algunos de los compositores que trabajaban allí llegaron a componer hasta quinientas canciones.

La lista de artistas que compraban allí -Phil Spector y Elvis, por ejemplo- es tan impresionante como la de los que trabajaban en el edificio, una dictadura del terror según muchos, debido a la afición de Kirshner por enfrentar a sus compositores. Estos solían trabajar en pareja, compositos y letrista. Algunos como Jerry Lieber y Mike Stoller, Burt Bacharach y Hal David o Carole King consiguieron el reconocimiento personal. Otros, algunos de ellos máquinas de hacer hits, no son tan conocidos, como Barry Mann y Cynthia Weil, Mort Shuman y Doc Pomus o Ellie Greenwich y Jeff Barry

Cuenta la leyenda que en su época de esplendor, un cantante podía entrar por la puerta del Brill Building, comprar una canción, arreglarla, grabarla y firmar un contrato con una discográfica sin salir del edificio. Algunos compradores, como en el caso de Spector, incluso incluían su nombre en los créditos, otros eliminaban el de los compositores originales, que en ocasiones firmaban con pseudónimo. Pero lo que más me fascina de todo ello es lo extraño que parece ahora tratar la música de una manera tan funcional, fabricar canciones pop como quien vende seguros: ir a trabajar con un horario, entrar, sentarte en un cubículo sin insonorización y con apenas espacio para el piano y ponerte a escribir algunas de las melodías más bellas de todos los tiempos. Y lo divertido es seguir un poco la estela de los compositores y darte cuenta de que un mismo equipo, cuando encontraba algo que funcionaba, seguía tirando del hilo, casi plagiándose a si mismos…

Por supuesto aún existen mercenarios como ellos, gente como Timbaland, Rich Harrison o Scott Storch que viven de fabricar un hit tras otro, pero dudo que sus condiciones de trabajo sean tan duras.

Written by joan

octubre 13th, 2007 at 11:27 am

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Santitos: Jim O’Rourke

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El primer disco que escuché de Jim O’Rourke fue Bad Timing (Drag City, 1997): un trabajo instrumental construido a partir de sus improvisaciones a la guitarra. Un disco de una sensibilidad envenenada que acabaría convirtiéndose en uno de mis preferidos: no importa cuantas veces lo haya escuchado, siempre me parece que hay un abismo bajo mis pies. Cuanto más hondo miro más inmenso me parece.

No sólo le debo el nombre de este blog. En parte fue la banda sonora de un momento de mi vida en que todo parecía desencajado, confuso, inconexo y extraño. No entendía nada y probablemente sigo sin entenderlo, pero ese disco encerraba casi todas las contradicciones de aquella época. Y las sigue encerrando: una foto fija de mis días intensos.

O’Rourke es conocido sobre todo por su faceta de productor. Entre los grupos más importantes que se han puesto en sus manos están Stereolab, Sonic Youth, Beth Orton o Wilco. Tiende a exagerarse lo que supuso para Wilco el trabajo de O’Rourke a los mandos de Yankee Hotel Foxtrot (Nonesuch, 2002). Yo creo que elegirle a él fue algo totalmente intencionado y que Tweedy y compañía sabían perfectamente qué tipo de sonido querían. Pero eso no le quita valor a que el productor supiera llevar el sonido de Wilco más allá de lo imaginable.

Como músico su carrera ha ido dando bandazos: del jazz a la improvisación, tonteos con la electrónica y trabajos de rock experimental esenciales dentro del sonido Chicago. Junto a Bad Timing, otro de mis discos favoritos de él es Eureka (Drag City, 1999): un despliegue espectacular de melodías pop envueltas en orfebrería fina.

Se le conecta con John Zorn y con John Fahey; formó parte de Gastr del Sol, junto a David Grubbs; ha colaborado con Sam Prekop y John McEntire en diferentes proyectos y en cientos de discos de la siempre interesante escena de su ciudad natal; ha tocado durante años con Sonic Youth, aunque abandonó el grupo para irse a Japón a dedicarse al cine. Pero hoy me quedo con el O’Rourke de Bad Timing y Eureka. El rarillo con alma.

Written by joan

setembre 7th, 2006 at 8:57 pm

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