Cinco discos para ser eternamente joven

febrer 3rd, 2010 - 

En mi desquiciante rutina de escuchas se adivinan a veces ciertos patrones. Estos últimos meses he estado escuchando más guitarras de la cuenta. No hablo de rarezas y pretenciosidades, sino de rock’n'roll simple, directo, vibrante y glorioso. Como este blog está hecho para compartir estas cosas, ahí van cinco joyas del rock’n'roll lumpen. Hagan click en la imagen e irán directamente al disco en Spotify, si está, o a algún corte ejemplar donde sea que lo encuentre.





PD. Me ha gustado esto, así que es muy probable que lo repita con Los 5 discos de rumba pop que deberías escuchar antes de morir y Los 5 discos que sólo confesaría que me gustan si alguien me apuntara con una pistola.

Un pie en la tumba, otro en el cielo

juny 23rd, 2009 - 

Beck before hangin' round with Tom Cruise

De todas la reediciones que han caído en el saco últimamente -junto a Enter The Vaselines- la de One Foot in the Grave ha sido la que más minutos de diversión me ha procurado. No tanto por el álbum original en sí, que también, sino por los extras, tantas canciones como incluía la edición original.

De entrada, me siento mucho más ligado al weirdo que al Beck actual, el cienciólogo, la estrella que lleva, diría, diez años sin entregar un disco realmente relevante -Midnite Vultures al menos revelaba el inicio de la decadencia y tenía un par de momentos memorables. En One Foot in the Grave Beck es el tipo ese con pinta de tocar a la puerta de un McDonalds que luego escuchamos cantar eso de ‘I’m a loser baby, so why don’t you kill me?‘ y que recogió los restos que quedaban de una generación enganchada a los perdedores piojosos y los transportó alegremente a través de Odelay directos a la posmodernidad.

Grabado antes de la edición de Mellow Gold pero publicado por K Records tiempo después, One Foot in the Grave cuenta además con Calvin Johnson. El disco se grabó en sus Dub Narcotic Studio, que por aquel entonces era el nombre con el que bautizó su sótano. Johnson es un verdadero héroe, líder de los inimitables The Beat Happening y uno de los personajes más influyentes en la escena independiente americana. Y Beck canta como si Calvin y él hubieran leído los mismos manuales de filosofía, entregando sus canciones con la misma sublime pereza.

De los extras, destaca la acomplejada ‘Mattress’, ‘Teenage Wastebasket’ me parece un himno que pide a gritos un homenaje justiciero y las rimas tontas de ‘Your Love is Weird’ me parecen simplemente arrebatadoras: I feel the strain / I use a cane / To walk the lane / Of wonderful pain / Cause your love is weird…

Ahora que esos años en que Beck era el Rey del Mundo nos parecen tan lejanos, vale la pena recuperarlo en su forma original. Faltan tipos como él a las puertas del Mercadona

Oxford Collapse RIP

juny 23rd, 2009 - 

Adiós a uno de los mejores grupos de rock de los últimos años.

Libba Cotten o otra buena razón para empezar a escuchar blues

març 3rd, 2008 - 

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Nunca me ha atraído el blues, más bien le tengo cierta manía: todos esos músicos sin talento que se dedican a copiar escalas sin pizca de gracia y a tocar standards en plan virtuoso… Pero en los últimos meses he estado escuchando a un par de artistas que están haciendo que, poco a poco, vaya cambiando de opinión.

Después de releer Night Train de Greil Marcus me dió por escuchar a Robert Johnson, aunque fuera por simple obligación profesional, y acabé enganchado a su alarido blasfemo. Ahora no puedo parar de escuchar a Elizabeth Cotten. Si Johnson vendió su alma al diablo para que le enseñara a tocar el blues, Cotten es un ángel.

O una niña de 60 años. Libba nació en 1895 en Carboro y aprendió a tocar sin tener ningún tipo de educación musical. Además era zurda. Como no sabía afinar ni nada de eso, aprendió a tocar con un banjo y con las cuerdas al revés, para un diestro, y su estilo es tan peculiar que hasta tiene nombre: Cotten picking.

La historia es bonita: Elizabeth Cotten trabaja en la casa de los padres de Pete Seeger, una familia de cantantes de folk como hay muchas otras en América. Había dejado de tocar la guitarra, excepto ocasionalmente en la iglesia, pero rodeada otra vez de músicos cogió de nuevo el instrumento y a recordar todo lo que sabía. Mike Seeger fue el que empezó a grabar todas aquellas canciones con un equipo rudimentario y el responsable de que el talento sin par de Cotten fuera al fin reconocido.

Algunas de las canciones grabadas por Eli Cotten son tonadas infantiles, escritas por ella misma cuando apenas tenía 11 años, un espíritu que inunda todas y cada una de sus composiciones. En muchos sentidos representa lo mejor de la música en su pura esencia. Canta y toca como una niña, puro instinto y amor, y el resultado es entrañable y fascinante. Y cada vez que escucho su manera de tocar pienso, precisamente, en Badtiming, el disco de Jim O’Rourke que da título a este blog.

Funky Mule, R.I.P.

desembre 13th, 2007 - 

Ayer murió Ike Turner, otro de esos personajes no siempre bien considerados. Además de un drogadicto y un maltratador, el ex-marido de Tina fue un auténtico currante del rhythm & blues, uno de los pioneros del rock’n'roll y un músico influyente, innovador y salvaje en todos los sentidos. Se casó catorce veces, estuvo en prisión unas cuantas, la cagó a más no poder y se ganó a pulso la fama de monstruo que le ha perseguido durante toda la vida, pero el cabroncete era un puto figura. Hoy es un buen día para volver a escuchar Funky Mule

PD- Otra cosa: se suele decir que Ike nunca hubiera sido la estrella que llegó a ser sin Tina, pero lo mismo podría funcionar casi a la inversa. Ike era el motor de los tremendos directos que convirtieron a Tina en el pura sangre más espectacular de su tiempo…

Amy y las mujeres chungas

novembre 25th, 2007 - 

Sé que algunos se escandalizarán por lo que voy a decir, pero que Amy Winehouse sea una yonqui desequilibrada y pendenciera hace que su música sea… mejor. Los fans de lo políticamente correcto me dirán que el supuesto glamour de las drogas ha hecho mucho daño ya -especialmente en los ochenta, que banalizar ciertos comportamientos no hace más que favorecerlos y que Amy Winehouse acabará muy probablemente muerta a sus veintipocos años. Y tendrán razón. Todo eso es cierto, pero eso no tiene nada que ver con mi afirmación inicial. Amy Winehouse va camino de una muerte prematura, pero desde el prisma de la cultura pop esa sería la guinda al pastel, porque los fans del pop no consumimos sólo música, también consumimos leyenda. Y Amy Winehouse tiene una.

Hablamos de una mujer que ha hecho uno de los mejores discos de R&B de los últimos años, una cantante con una voz provilegiada y que ha sabido apropiarse de la estela de Aretha Franklin, Martha Reeves, Ronnie Spector, Billie Holliday, Dusty Springfield y Nina Simone. Hablamos de una mujer que se pasa la mitad del día colgada, que fuma puros y juega al póker en los camerinos, se lía a arañazos con su marido, con el que mantiene la clásica relación honey bunny, se mete por la tocha sobre el escenario con un dosificador y, encima, canta sobre todo ello.

Las primeras canciones de Back To Black son todo eso. En Rehab responde a su familia que de desintoxicación ni hablar y en I’m No Good asume por completo su rol de chica mala. Esta última canción es todavía más genial en la versión que hizo Ghostface Killah para More Fish. Teniendo en cuenta que Ghostface tiene una pequeña obsesión con las mujeres que se pulen sus targetas en champagne y joyas -escuchen Back Like That de Fishscale, la réplica de Amy es todavía mejor: ya te lo avisé, churri, ahora te jodes.

Back To Black es un gran disco. Mark Ronson y Salaam Remi se salen en la producción y Winehouse eleva su música hasta un nuevo nivel. Canciones como Tears Dry on Their Own son simple y absolutamente irresistibles, un nuevo clásico del soul que no desentonaría junto a Baby Love, My Baby Just Cares for Me o Respect.

Siempre me han gustado más Blur que Oasis, pero a diferencia de los hermanos Gallagher, Damon Albarn es aburrido. Lo único mínimamente legendario que hizo fue acostarse con la cantante de Elastica, algo que los Gallagher superaban un lunes cualquiera, si es que no estaban poniendo hoteles patas arriba o peleándose entre ellos. Blur siempre fueron mejores que Oasis, pero Oasis, además de haber hecho dos de los mejores discos de pop de los noventa, eran unos hooligans del norte incapaces de asumir la fama. Albarn había nacido para ser una estrella. Cuando Blur se hicieron famosos, Albarn simplemente estaba donde siempre debería haber estado.

Albarn es un rollo. En cualquier conversación de sobremesa no ocuparía más de diez segundos. Los Gallagher son divertidos. Aunque no te guste su música -algo que, después de Morning Glory, es la regla entre la gente que tiene más de medio cerebro- debes admitir que los tíos son geniales y que la simple existencia de dos tipos como Liam y Noel dentro del mundo del pop desafía toda lógica, precisamente porque son dos personas de lo más normal.

Por eso Oasis le ganó la partida siempre a Blur, a pesar de que los discos de Blur son infinitamente mejores -excepto por un disco de Oasis, e incluso tienen mejores singles. Por eso Amy me parece la artista mainstream más rematadamente divertida de los últimos diez años. Beyoncé me encanta, pero que no haya aparecido todavía un vídeo porno con Jay-Z me desespera. Rihanna está muy bien, pero hasta que no la detengan con una pipa de crack y un arma de gran calibre tipo UZI, Amy gana la partida.

Winehouse no sólo está loca. Canta desde esa locura, habla de ella con naturalidad y crea a su alrededor una leyenda que dota a sus canciones de una mayor verdad. El personaje encaja incluso con la tradición que sigue: muchas de las cantantes que te vienen a la cabeza cuando escuchas su voz también vivieron así, entre la heroína, las relaciones autodestructivas, el alcohol y las partidas de póker. El único rival que podría tener Amy Winehouse es Paris Hilton, en el supuesto de que ésta hiciera un disco realmente relevante. ¿Britney? Britney es una redneck chunga sin un ápice de glamour -aunque su caída en desgracia ha sido uno de los happenings mediáticos más divertidos de los últimos años y lo de raparse la cabeza fue un giro argumental digno de Perdidos. Y algo parecido le pasa a Pete Doherty, que sin embargo consiguió que Kate Moss nos pusiera todavía más chotos.

En fin, que Amy Winehouse mola.