Archive for novembre, 2007
Chucky, el columnista diabólico
En Chicago me compré IV y Sex, Drugs & Cocoa Puffs, dos libros que apetecía leer de Chuck Klosterman. Asumo que Fargo Rock City no tiene ningún interés para mí. Klosterman me parece uno de los articulistas más divertidos de la cultura pop, al menos de los que he leído. Es de Dakota del Norte (o del Sur, ahora no lo tengo claro), es fan de KISS (y es casi exclusivamente lo que el mundo recuerda de él) y una ironía cuya principal diana es el mismo Chuck Klosterman. Lo que le convierte en un articulista extraño, uno de los tipos menos pretenciosos que me haya topado y un escritor realmente entretenido, que siempre te hace sonreír.
Chuck Klosterman IV (el título es un homenaje a Led Zeppelin) es una colección de artículos y columnas, cada uno con una divertida introducción y notas todavía más divertidas. Hay de todo, desde entrevistas a Radiohead, Wilco, Led Zeppelin, Britney Spears o Billy Joel -del que también es fan, a artículos sobre un extraño crucero en el que actúan REO Speedwagon, Styx y Journey, un encuentro anual de góticos en Disneylandia o las bandas tributo formadas por chicas. También entrevista a jugadores de la NBA, algo que me encanta, y habla de temas que nos interesan a todos, como los reality shows, la naturaleza circular de la programación de VH1 Classics, los críticos de videojuegos y lo necesario que es tener una némesis y un archienemigo para medrar en la vida (ha trastocado mi concepción sobre el tema, mi némesis resulta que es en realidad mi archienemigo y deberé buscarme otra, aunque ya tengo una ligera idea de quién es).
Lo extraño es que Klosterman me ha reconciliado con mucha de la música que escuchaba durante mi juventud -de la que salgo oficialmente en un par de meses, discos que oculté en la estantería porque no todo el mundo es capaz de comprender que alguien que considera a Stephen Merritt un genio contemporáneo tenga también Appetite For Destruction en vinilo. Lo bueno de Klosterman es que, en lo musical, se crió en una de las épocas más terribles para cualquier aficionado al rock -algo sobre lo que él mismo teoriza- y a diferencia de gente que, como yo, tiene un grave complejo de inseguridad y miedo a ser apedreado en público por sus gustos, él se recrea en los aspectos más kitsch de sus aficiones. Y admitan que alguien capaz de hablar sin tapujos del heavy progresivo canadiense siempre tendrá su qué.
El libro es muy divertido y se lee rápidamente. Con un nivel medio de inglés te las apañas, así que si alguien quiere que se lo preste que levante la mano.
Amy y las mujeres chungas

Sé que algunos se escandalizarán por lo que voy a decir, pero que Amy Winehouse sea una yonqui desequilibrada y pendenciera hace que su música sea… mejor. Los fans de lo políticamente correcto me dirán que el supuesto glamour de las drogas ha hecho mucho daño ya -especialmente en los ochenta, que banalizar ciertos comportamientos no hace más que favorecerlos y que Amy Winehouse acabará muy probablemente muerta a sus veintipocos años. Y tendrán razón. Todo eso es cierto, pero eso no tiene nada que ver con mi afirmación inicial. Amy Winehouse va camino de una muerte prematura, pero desde el prisma de la cultura pop esa sería la guinda al pastel, porque los fans del pop no consumimos sólo música, también consumimos leyenda. Y Amy Winehouse tiene una.
Hablamos de una mujer que ha hecho uno de los mejores discos de R&B de los últimos años, una cantante con una voz provilegiada y que ha sabido apropiarse de la estela de Aretha Franklin, Martha Reeves, Ronnie Spector, Billie Holliday, Dusty Springfield y Nina Simone. Hablamos de una mujer que se pasa la mitad del día colgada, que fuma puros y juega al póker en los camerinos, se lía a arañazos con su marido, con el que mantiene la clásica relación honey bunny, se mete por la tocha sobre el escenario con un dosificador y, encima, canta sobre todo ello.
Las primeras canciones de Back To Black son todo eso. En Rehab responde a su familia que de desintoxicación ni hablar y en I’m No Good asume por completo su rol de chica mala. Esta última canción es todavía más genial en la versión que hizo Ghostface Killah para More Fish. Teniendo en cuenta que Ghostface tiene una pequeña obsesión con las mujeres que se pulen sus targetas en champagne y joyas -escuchen Back Like That de Fishscale, la réplica de Amy es todavía mejor: ya te lo avisé, churri, ahora te jodes.
Back To Black es un gran disco. Mark Ronson y Salaam Remi se salen en la producción y Winehouse eleva su música hasta un nuevo nivel. Canciones como Tears Dry on Their Own son simple y absolutamente irresistibles, un nuevo clásico del soul que no desentonaría junto a Baby Love, My Baby Just Cares for Me o Respect.
Siempre me han gustado más Blur que Oasis, pero a diferencia de los hermanos Gallagher, Damon Albarn es aburrido. Lo único mínimamente legendario que hizo fue acostarse con la cantante de Elastica, algo que los Gallagher superaban un lunes cualquiera, si es que no estaban poniendo hoteles patas arriba o peleándose entre ellos. Blur siempre fueron mejores que Oasis, pero Oasis, además de haber hecho dos de los mejores discos de pop de los noventa, eran unos hooligans del norte incapaces de asumir la fama. Albarn había nacido para ser una estrella. Cuando Blur se hicieron famosos, Albarn simplemente estaba donde siempre debería haber estado.
Albarn es un rollo. En cualquier conversación de sobremesa no ocuparía más de diez segundos. Los Gallagher son divertidos. Aunque no te guste su música -algo que, después de Morning Glory, es la regla entre la gente que tiene más de medio cerebro- debes admitir que los tíos son geniales y que la simple existencia de dos tipos como Liam y Noel dentro del mundo del pop desafía toda lógica, precisamente porque son dos personas de lo más normal.
Por eso Oasis le ganó la partida siempre a Blur, a pesar de que los discos de Blur son infinitamente mejores -excepto por un disco de Oasis, e incluso tienen mejores singles. Por eso Amy me parece la artista mainstream más rematadamente divertida de los últimos diez años. Beyoncé me encanta, pero que no haya aparecido todavía un vídeo porno con Jay-Z me desespera. Rihanna está muy bien, pero hasta que no la detengan con una pipa de crack y un arma de gran calibre tipo UZI, Amy gana la partida.
Winehouse no sólo está loca. Canta desde esa locura, habla de ella con naturalidad y crea a su alrededor una leyenda que dota a sus canciones de una mayor verdad. El personaje encaja incluso con la tradición que sigue: muchas de las cantantes que te vienen a la cabeza cuando escuchas su voz también vivieron así, entre la heroína, las relaciones autodestructivas, el alcohol y las partidas de póker. El único rival que podría tener Amy Winehouse es Paris Hilton, en el supuesto de que ésta hiciera un disco realmente relevante. ¿Britney? Britney es una redneck chunga sin un ápice de glamour -aunque su caída en desgracia ha sido uno de los happenings mediáticos más divertidos de los últimos años y lo de raparse la cabeza fue un giro argumental digno de Perdidos. Y algo parecido le pasa a Pete Doherty, que sin embargo consiguió que Kate Moss nos pusiera todavía más chotos.
En fin, que Amy Winehouse mola.
Volver a The Doors

Cuando empecé a escuchar música, a beber cerveza, fumar y salir por ahí todo era The Doors. Todo el mundo quería ser Jim Morrison y se comportaba con el mismo pomposo aire de misterio y mística poética de pacotilla. Recuerdo algunas anécdotas bastante divertidas sobre el tema. Pero sobre todo recuerdo que acabé cogiéndole tal tirria al personaje -algo acentuado por la película, que no he podido escuchar a The Doors durante muchos años.
Pasa a veces que un artista que te gusta se populariza de tal manera que acaba siendo un monigote distorsionado. Me pasó también con Kurt Kobain. De repente todos queríamos morir y nos sentíamos unos perdedores, llevábamos camisas roñosas y pensábamos que cualquier canción con más de cinco notas era pretenciosa y superficial.
Jim Morrison me sigue cayendo bastante mal. Pero con el tiempo aprendes que los músicos que escuchas no tienen por qué caerte bien. Incluso puedes pensar que son unos gilipollas. Yo creo que Jim Morrison es gilipollas. Y pienso lo mismo de muchos otros artistas cuya música admiro - como Ozzy Osbourne, Jeff Tweedy y Melendi (a este último no lo admiro, pero es evidentemente gilipollas).
Últimamente he vuelto a ponerme los vinilos de The Doors que le robé a mi hermano mayor -el culpable de que empezara a escuchar rock de verdad: Creedence, Led Zeppelin y, ejem, Supertramp. He descubierto que me los sé de memoria. Y he descubierto que son grandes discos, que The Doors es uno de los grupos más influyentes de la historia del rock. Es así de simple. Y es algo con lo que tendré que vivir por muy mal que me caigan tanto Jim Morrison como los fans de Jim Morrison -a los que odio profundamente.
Stars of the Lid y por qué nunca escribiré una crítica sobre un disco de ambient

¿Es bueno And The Refinement of the Decline de Stars of the Lid? Formularé mejor la pregunta: ¿Puedo decir que es bueno? ¿Puedo argumentarlo? Como todo lo que ha hecho el dúo de Austin, The Decline es un dron infinito, un trabajo concebido desde la fina línea de separa el ambient más etéreo y el rock más contemplativo. Hay armonía, pero no melodía. No hay ritmo*, los temas son como un cuerpo todavía vivo al que le hayan quitado los huesos. ¿Me gusta? Sí. Hay algo definitivamente bello en su música, algo que te obliga a seguir escuchando a pesar de que sabes que difícilmente la canción (?) te va a llevar a ninguna parte.
Existe cierto tipo de música que es como un cajón vacío. Allí cabe cualquier cosa que el oyente quiera introducir. Están exentas de significado, o al menos de un significado cerrado e inherente. La interpretación es libre. Por eso nunca leo los títulos de ciertas piezas de arte contemporáneo. Te estropea la mitad del disfrute, que es precisamente dejarte llevar por la primera reacción, siempre semi-inconsciente. Me sucede con algunos artistas post-rock más o menos lo mismo. Los títulos me parecen arbitrarios muchas veces. Esucho a Tortoise, a Mogwai o últimamente a Holy Fuck, y simplemente me dejo llevar. Para mí allí está la grandeza de su apuesta. Te ofrecen un cuaderno en blanco, un conjunto de sensaciones que debes interpretar, ordenar y completar. Si estás furioso te ofrecen furia, si estás melancólico te ofrecen melancolía.
Con la música de Stars of the Lid me pasa más o menos lo mismo. Y me gusta. Me pongo el disco en casa y parece como si el mundo fuera a cámara lenta, como si el olor a café recién hecho adquiriera un significado tántrico, ampliando cada una de mis sensaciones. Pero a la vez no podría decir qué me gusta o por qué. Precisamente porque no lo entiendo. En cierto sentido es como mi atracción por las matemáticas. Siempre me han encantado, pero como abstracción. Nunca se me han dado particularmente bien, nunca las he comprendido. Pero me encanta que existan.
No sé si, como recoge por ahora Metacritic, The Decline es el disco del año. Ver su puntuación me hace pensar que la mayoría de críticos de rock tienden a considerar favorablemente aquello que no entienden. Quizás Stars of the Lid sean sólo una gran broma. Quizás su música sea la bobada más inmensa del siglo. No sabría decir qué punto de sensibilidad y esfuerzo requiere hacer algo así, cuánta pasión implica. Tampoco si este disco es mejor o peor que cualquier otro que hayan hecho anteriormente o cualquier otro de otro artista similar. Simplemente porque no tengo ni puta idea de lo que están haciendo y todo lo que he leído sobre ellos me ha parecido gratuito y vanidoso.
Así que si tuviera que escribir sobre este disco sólo podría decir esto: no entiendo una mierda de lo que hacen estos tíos, pero me gusta que exista algo así.
*Antes de que los entendidos se me tiren a la yugular: sí hay ritmo porque hay compás, me refiero a ritmo en el mismo sentido que una canción de Elvis, Viva Las Vegas por ejemplo, tiene ritmo**.
**Vale, en esencia ambas tienen compás… Joder, ya me entendéis.
Toronto-Chicago (extended version)

Casi que lo mejor del viaje fue el camino. Conducir de Toronto hasta Chicago y el trayecto de vuelta, dormir en hoteles de carretera y parar en gasolineras extravagantes -seguimos preguntándonos qué coño hacían allí esos sacos de patatas, zanahorias y manzanas- y pequeños pueblos perdidos en medio de la nada. El trayecto es relativamente corto para tratarse de Estados Unidos y probablemente mi sensación sea exagerada, pero es la que me dio.
Toronto es una ciudad muy bonita. El tipo de casas me recordó a Londres, algo que también puede deberse al melting pot que hay en el barrio donde estuve, Kensington Market, lleno de tenderetes de fruta en plena calle, lindando con el barrio chino -lleno a rebosar de pequeños seres de ojos rasgados que no entienden una palabra de inglés, bares chulos y tiendas de baratijas. Parece una ciudad tranquila, bastante europea. Por lo visto era una colonia británica, algo que puede explicar mi intuición anterior.
Casi me dormí en el concierto de Stevie Wonder. Estaba cansado y el momento M80 fue demasiado duro, un montón de baladas de su época ochentas del tirón. En cualquier caso, escuchar sus clásicos en vivo fue algo especial.

Chicago ya he dicho que me pareció la ciudad más bonita que he visto en la vida. Entramos casi por error por el downtown y el golpe visual fue algo casi místico, escuchando jazz en el coche, con todos esos gigantes juntos. No me extraña que los músicos de allí estén obsesionados con la geometría y la arquitectura. No fui a Restless Records, pero arrasamos con medio Urban Outfiters, algo así como un Zara cool donde además de ropa hay libros -me compré un par- y juguetes chorras -que nos encantan. Ahora tengo un ping-pong en miniatura y un cinturón nuevo.
Nos alojamos en Wicker Park. Por lo visto es un barrio de moda y hay tiendas muy chulas tanto en Milwoukee St. como en Division Ave. Algún día viviremos en Damen St., que está justo al lado, en alguna de aquellas bonitas casas, con los árboles creando una bóveda sobre el asfalto y el barrio chicano al lado. Dios bendiga América (again).
Mañana les hablo de por qué la radio en España es una puta mierda.
Toronto-Chicago

Hace apenas unas horas que he llegado a casa. Ha sido un viaje increíble. Toronto es genial, Chicago es la ciudad más maravillosa del mundo. Entre vuelos casi me ha dado tiempo de leerme todo IV de Chuck Klosterman. De mayor quiero tener su ironía y dormir cada noche en una cama King Size del Holliday Inn de Michigan City. Dios bendiga América.