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EL MEJOR DISCO DEL MUNDO #8

The Beat Happening. Joder.

Dame.

EL MEJOR DISCO DEL MUNDO #7

Cualquiera les dirá que el disco ‘bueno’ de The Feelies fue Crazy Rhythms, pero a mí siempre me han gustado más Time For a Witness y Only Life, aunque sólo sea por llevar la contraria.

Dame.

EL MEJOR DISCO DEL MUNDO #6

Devo llevan sombreros graciosos en la portada de este disco, el más divertido y precisamente por eso más subversivo que han hecho jamás. Por supuesto, cuando se hicieron esta foto ellos querían que te fijaras en sus manos.

Dame.

PD- En Spotify el disco está en la edición doble junto a ‘Oh No It’s Devo’. La edición original contenía las canciones que van desde ‘Girl You Want’ hasta ‘Planet Earth’.

EL MEJOR DISCO DEL MUNDO #5

Puestos a elegir entre Jeff Magnum y Jesucristo, me quedo con Jeff Magnum.

Dame.

AIAS + BEACH BEACH

EL SÍNDROME TARKOVSKI

Me encanta Tom Waits, pero he terminado por tenerle tirria a un amplio sector de sus fans. No hablo de Tomeu Gomila, claro, sino de esos tipos supuestamente cultivados que no pierden la oportunidad de alabar a tito Waits o a Van Morrison o a algún otro artista aparentemente más transgresor (Patti Smith, por ejemplo), dejando caer siempre la palabra poeta por ahí si es posible, no sea cosa que se los confunda con vulgares artistas pop. Son los mismos que leen a Murakami y a cualquier otro autor con nombre de especialidad de cocina asiática, escritores polacos e ingleses que no son en absoluto divertidos (algo que Hornby ya no es) pensando que eso los convierte en seres especiales, saben el título de más de dos películas de Ingmar Bergman y compran compulsivamente recopilatorios de música jazz. En definitiva, gente que se siente superior a ti porque nunca va a comer en un McDonalds (o el día que lo haga no podrá evitar dejar caer algún comentario jocoso sobre la calidad de la comida y la decadencia de occidente).

Me doy cuenta de que mi problema es que odio lo ‘cultivado’, el concepto de lo cultivado que tiene cierta gente. Cada vez que alguien usa la expresión ‘alta cultura’ me dan ganas de vomitar y que un tipo con mocasines use el nombre de David Bowie en vano me parece el más horrible de los pecados. Entre otras razones porque me gustan las hamburguesas con queso, creo que Jackass es una de las cumbres filosóficas de mi generación y no veo nada malo en que los libros, la música, las películas y la tele sean divertidos, incluso que sean sólo divertidos.

¿Creo que la cultura es buena? Sí, supongo. Leer y escribir es una prestación interesante y ser una persona inquieta es recomendable. Pero, ¿es intrínsecamente algo bueno leer novelas e ir a exposiciones? No estoy tan seguro. El mundo está lleno de discos de mierda, pelis de mierda, libros de mierda y, de forma especialmente exagerada, esculturas de mierda… Soy consciente de que la idea ‘esculturas de mierda’ irá variando de persona en persona, pero eso no evita que cada vez que sale alguien en la radio (normalmente un poeta) a decir lo importante que es leer poesía me pregunte: ¿por qué? ¿Por qué es tan importante leer poesía? ¿Por qué es importante escuchar ópera? ¿Por qué se supone que deberíamos tomarnos en serio la danza contemporánea? Soy incapaz de responder a esa pregunta, en parte porque sospecho que no hay una respuesta, a no ser que recurramos a todas esas consideraciones semimísticas sobre que la cultura te hace mejor persona, mejor ser humano, que dónde estaríamos sin cultura, pero eso sólo funciona en las tertulias televisivas y ante gente que ya está convencida de antemano de que leer es bueno. Pero, ¿lo es? Para Sánchez Dragó es evidente que no. Ni para Adolf Hitler. Tengo la impresión de que cuando la ‘gente culta’ asegura que deberíamos leer más no están hablando de Dan Brown, sino de que deberíamos leer los libros que Ellos leen, deberíamos ser más como Ellos. De hecho el mundo sería un lugar mucho mejor si todo el mundo fuera Ellos.

Pero lo que significa ser culto y la cultura misma es una idea en constante transformación. No sólo eso. Teniendo en cuenta los esfuerzos de algunos sectores para que nos tomemos en serio la televisión como una forma legítima de cultura, programas del corazón incluídos, puedo imaginar fácilmente un escenario en el que alguien reivindique el tunning como una forma de arte -incluso una exposición de coches tuneados en la Tate Modern. Y no me parece mal. De hecho, lo extraño es que nadie lo haya hecho ya.

Es muy probable que entonces oigamos muchas de las frases que ahora se leen sobre el cómic y el graffiti aplicadas al tunning. ¿Os imagináis? ‘A decir verdad, estos coches nos hablan mucho más profundamente de las complejidades de nuestro tiempo que muchas de las obras de la considerada alta cultura, tales como el Gernika o Sálvame’.

El caso es que si miras a tu alrededor verás a un montón de gente que cree que el Bolshói es un combinado con vodka, que vio por voluntad propia ‘Transformers 2′ y que sólo se plantearía ir a ver una ópera si fuera sobre una pista de hielo y estuviera directa o indirectamente relacionada con el mundo Disney, y esa gente no me parece, en esencia, más tonta que yo, ni más infeliz, ni más vacía, ni más desequilibrada en ningún sentido imaginable. O más bien, yo no me siento ni más feliz, ni más pleno, ni más equilibrado que ellos.

Leer no garantiza la felicidad. Ni siquiera ser el novio de Jessica Alba garantiza la felicidad. Si me preguntas, te diré que lo único que puedes hacer al respecto es ser buena persona, amar y que, con un poco de suerte, te amen. Leer a Jonathan Coe puede estar bien, pero no es esencial.

¿Por qué leer entonces? Bueno, básicamente porque me gusta. También me gusta hablar de ello con los amigos que leen, de la misma forma que me gusta hablar sobre cuáles son los mejores juegos para el iPhone con mis amigos que no leen pero tienen iPhone. Si escucho música no es porque crea que eso me hace mejor en ningún sentido, sino porque me gusta. También me gustan las películas de Bruce Willis en las que habla como un émulo de Charles Bukowski (todas las de la ‘Jungla de Cristal’ y ‘El Último Boy Scout’) y la cerveza del Mercadona (está buena, en serio). En cambio no me gusta la música clásica, me aburren las películas exageradamente contemplativas y los libros de Murakami, odio el Cool Jazz (Lee Konitz es el doppelgänger de Mark Knopfler, o viceversa, alguien que me provoca sueño sólo de mencionar su nombre), tampoco soporto la danza contemporánea (ni ningún tipo de danza, a decir verdad, a no ser que sea breakdance y que alguien vaya a acabar con un ojo morado y sin chica si no supera los pasos de su oponente) y el circo me da repelús (a no ser que lo practiquen extraficantes de Éxtasis).

No creo que ninguna de estas cosas me haga mejor o peor persona. Sólo sé que cuando me acabé el ‘Ulises’ de Joyce (algo que celebré extensamente en mi Facebook y que todos mis amigos se han cansado de que les repita) me sentí como se debe sentir un escalador que corona una montaña muy alta, esté o no familiarizado con las vanguardias narrativas del siglo XX, o como debe sentirse un futbolista cuando mete un gol, y todos sabemos que la media intelectual dentro de la liga profesional no da ni para hacer una redacción medianamente decente sobre un día en el campo con la família, pero en cambio los futbolistas profesionales son mucho más felices que cualquiera de nosotros, críticos de arte incluídos. La sensación era más o menos la misma que la de cualquiera de nosotros cuando nuestro equipo mete un gol (excepto si eres del Madrid, ya que eso significa que no tienes corazón ni alma y que eres un zombie que transitará por la vida sin sentir nada, sin ver el color del arcoiris, saborear la fruta ni disfrutar de las puestas de sol y que se pasará media existencia defendiendo al mayor subnormal sobre la faz de la tierra sea Guti, Raúl, Mourinho o Cristiano, da lo mismo). Leer ese libro estuvo bien, como descubrir a los Tall Dwarfs, pero en lo esencial sigo siendo el mismo patán de antes.

Sigo sin llevar mocasines. Y no escucho a Tom Waits porque se supone que Tom Waits es guay o porque salió en la banda sonora de ‘Smoke in the Face’ y Paul Auster escribió el guión, o porque represente ese tipo de sofisticada ferocidad romática que, pensamos, nos hará más atractivos a los ojos de cualquier mujer*, ni mucho menos porque piense que es un referente oscuro y rebuscado (algo que no es). Lo escucho porque me gusta y precisamente por eso me da dentera que según quien hable de Tom en unos términos tan soberanamente pretenciosos y anodinos. Su Tom Waits es aburrido, un pelma con un piano. El mío es mucho mejor.

*A decir verdad empecé a escucharlo y a leer y escribir poesía en una época de mi vida en que pensaba que eso le gustaba a las chicas y haría que obviaran el hecho de que era un panoli con sobrepeso, y dudo que nadie haya empezado a escribri poesía por alguna razón que no sea esa, excepto, posiblemente, Gloria Fuertes.